martes, 21 de mayo de 2013

El papel de los diccionarios

David Skinner, The New York Times

Cada vez que esto ocurre, me siento como si estuviera en una caricatura de la revista Far Side, de la que soy editor: a veces, un corrector de estilo aparece con un texto en el que alguna palabra viene marcada con un círculo y un comentario al margen: "esta palabra no existe" o "¿esta palabra es real?"

En general, en estos casos, el significado de la palabra es perfectamente evidente, y el vocablo en sí es relativamente simple como "incomprable" y pienso que, por supuesto, existe; está allí frente a mi nariz.

Algunos lectores plantean su sospecha de manera diferente: "Esta palabra está en el diccionario?" Después de haber pasado mucho tiempo investigando cómo se elaboró un gran diccionario estadounidense, ha cambiado mucho mi idea acerca de lo que implica la presencia (o la ausencia) de un vocablo en el diccionario.

No me interpreten mal: me gustan los diccionarios, incluso varios que consulto en línea y los once que están al alcance de mi mano mientras escribo este artículo. Pero mi reciente aventura con la lexicografía me ha dejado un par de ideas para mí nuevas.

Una de ellas es que ningún diccionario contiene todas palabras del idioma. Incluso un diccionario integral, completo es abreviado, solo incluye las palabras que sus autores han seleccionado. La ciencia, la medicina y la tecnología generan montones de palabras que nunca llegan a un diccionario general; numerosas palabras extranjeras que aparecen en contextos de inglés suelen quedar fuera. A cada momento se inventan nuevas palabras, ya sea por razones comerciales, para insultar a un enemigo o para divertir a un amigo, pero se desvanecen sin dejar rastros.

Otra noción que para mí es nueva es que los usuarios de diccionarios y los propios lexicógrafos que lo elaboran a veces tienen ideas muy diferentes de lo que es un diccionario. Uno puede pensar en él como un código legal para el lenguaje, mientras que el otro lo considera un informe muy parcial. Unos quieren respuestas sin ambigüedad sobre la ortografía, el significado y el uso de la gramática, y el otro se preocupa por la neutralidad: cuanto más responsable es el lexicógrafo, más se cuida de no imponer al lector sus propias nociones de lo correcto y lo incorrecto.

A partir de los diccionarios en línea, hemos aprendido que las palabras más buscadas no figuran en el lenguaje cotidiano. En el caso del Merriam- Webster, el más prestigioso hoy en Estados Unidos, las palabras más buscados son holistic, pragmatic, caveat, esoteric y bourgeois. Sin embargo, el objetivo primero de la lexicografía ha sido históricamente informar a los hablantes sobre palabras que ya conocen, algo que los diccionarios modernos hacen bien.

Sin embargo, supongamos que una persona es un gran lector y es más bien raro que requiera tal ayuda. El deletreo, más allá de los problemas con palabras poco usadas y nombres propios, brinda informaciones históricas sobre las letras mudas, las consonantes dobles, vocales indistinguibles y otras peculiaridades ortográficas. Tal vez esa persona sea un escritor, un periodista o alguien que se gana la vida escribiendo pero, de vez en cuando, antes de comprometerse con una palabra, le gusta detenerse en ella, observarla y ver qué es lo que el diccionario dice al respecto.

El lexicógrafo, que generalmente no tiene demasiado espacio para trabajar, suele reducir las definiciones a los significados esenciales de la palabra, pero uno se puede preguntar si el sentido que es relevante para él lexicógrafo se corresponde con el uso propuesto.

Por supuesto, este tipo de consultas a los diccionarios forma parte de nuestra vida intelectual y cultural y nos recuerda los deberes de idioma del colegio ("use esta palabra en una oración") y a las pruebas de vocabulario. . o al entrenamiento en consulta de diccionarios, lo que forma parte nuestro bagaje intelectual y cultural. Pero algunos escritores comprometidos con su trabajo se resisten a seguir al lexicógrafo (sin duda bien informado pero no infalible) y prefieren confiar en su propio criterio. No es que quieran determinar por su cuenta lo que una palabra realmente significa, es que en una palabra hay mucho más para saber que lo que el diccionario nos puede decir. Por ejemplo, para leer ciertos géneros y áreas siempre hay palabras con respecto a las cuales los lexicógrafos deben decidir si las ignoran o las incluyen.

A los editores de diccionarios les agrada enviar un comunicado de prensa cada vez que descubren un nuevo término de las ciencias sociales, de la cultura juvenil, de la tecnología o de la política, lo que está muy bien, pero, siguiendo al Webster's encontraremos los usos convencionales. El lenguaje es profundamente convencional, de modo que pocos de nosotros podemos pretender ser innovadores, pero el escritor ambicioso trata de evitar esta limitación. Esto es cierto para textos de anuncios, discursos políticos, obras de no ficción y para la mayoría de los demás tipos de escritura. El periodismo, obviamente, reposa sobre la pretensión de estar siempre entregando algo nuevo. Y lo nuevo debe sonar como nuevo, parecer nuevo y a veces requiere comillas, o, por lo menos, eso es lo que cree el editor.

Últimamente he leído Reporting: The Rolling Stone Style, publicado en 1977, que recoge ensayos de los diez primeros años de la revista. Lo que me sorprende es que los reporteros no parecen periodistas especializados que distribuyen información en una comunidad; parecen exploradores que regresan de tierras remotas, embriagados de descubrimientos. Su escritura es para la gente bien informada, sí, pero mucho más para personas que no están tan informadas.

Al principio de mi carrera como editor me sentía frustrado por lo que los diccionarios podían decirme acerca de las palabras y su uso. Un diccionario ideal debería presentar una serie de ejemplos de la vida real, elegidos para que sirvieran tanto al profesional como al aficionado, pero mostrando también el habla cotidiana, junto con ejemplos más literarios tomados de los libros, del cine y de la televisión.

Con el surgimiento de diccionarios en línea importantes, vemos que algunos se acercan a este ideal, como es el caso de Wordnik y de la nueva versión completa de Merriam-Webster, que proporcionan información en bruto sobre las palabras, lo que permite que los usuarios saquen sus propias conclusiones.

Los fines que se proponen los autores de un diccionario raramente son lo que un escritor o periodista necesitan: ayuda básica en el uso de las palabras individuales. Por supuesto, cuando un escritor necesita este tipo de ayuda es fundamental que pueda hallarla.

Siempre se debe tener en cuenta que un buen texto puede exceder los límites que las definiciones de un diccionario sugieren. Como bien dijo un lexicógrafo: "No vale la pena escribir dentro de los límites trazados por los diccionarios".

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lunes, 20 de mayo de 2013

Aprender un segundo idioma antes de empezar a hablar

Laura Tardón, El Mundo

No hay que tener una edad mínima para empezar a adentrarse en la riqueza lingüística de un segundo idioma. Según la evidencia científica, cuanto antes se escuche la nueva lengua, mejor. Desde el nacimiento sería lo más recomendable. Cuando el bebé crezca, no sólo le resultará más fácil hablarla, también parece que le ayudará a concentrarse más e incluso a retrasar el Alzheimer. Todo son ventajas.

El cerebro del recién nacido «es como un diario en blanco. Si esperamos a tener las páginas escritas para aprender otro idioma, ya no habrá espacio suficiente y tendremos que escribir en los laterales», explica José Antonio Portellano, neuropsicólogo y profesor titular de la Facultad de Psicología de La Universidad Complutense de Madrid. Una metáfora perfecta para entender que «cuanto más precoz sea el aprendizaje de la nueva lengua, más eficaz será», recalca.

Y esto se debe a la neuroplasticidad (capacidad del cerebro y del sistema nervioso para adaptarse a los cambios), concretamente a «la regla de la plasticidad inversa: cuanto menos edad tienes, más capacidad de aprender en general y, por lo tanto, menos cuesta asimilar una nueva lengua». La flexibilidad cognitiva no es la misma.

Una teoría avalada por la literatura científica, en la que «no se ha encontrado ni un sólo inconveniente asociado con el aprendizaje temprano de un segundo idioma». Todo lo contrario: «Se ha visto que hace más inteligente a la persona. No es que aumente el número de neuronas, sino las conexiones neuronales, la calidad de los circuitos y la densidad cerebral. Todo esto ayuda al cerebro a construirse mejor. Hay más cantidad de mielina (una sustancia que protege a los axones) y el aprendizaje es más fluido».

Se modifica la estructura del cerebro y esto afecta positivamente a la memoria, a la capacidad de concentración y al retraso de la demencia. Según un estudio publicado en la revista 'Neurology', ser bilingüe puede retrasar el Alzheimer hasta cuatro o cinco años. Y aún más: quienes se manejan en varios idiomas, utilizan más áreas cerebrales y, acostumbrados a ejercitar su cerebro, se mueven con más soltura cuando realizan distintas tareas a la vez.

Aprender 'desde el momento cero'

En definitiva, los neuropsicólogos recomiendan empezar cuanto antes en la inmersión de una segunda lengua. Hay quien asegura que los beneficios pueden comenzar incluso antes del nacimiento, en el útero de la madre. Sea o no así, lo cierto es que los neuropsicólogos recomiendan aprovechar «desde el momento cero».

«No basta con poner sólo los dibujos animados en inglés, tiene que haber otro elemento de apoyo: la familia o la guardería», argumenta el especialista español. De lo que se trata es de que la nueva lengua 'conviva' de forma natural con el pequeño, es decir, «igual que algunas canciones se cantan en español, que otras se tarareen en inglés, que haya cuentos que se lean también en inglés, y que los padres, además de hablarle en la lengua nativa, también utilicen un segundo idioma».

Cuando el aprendizaje empieza desde «el momento cero, como todo está por construir en el cerebro, se nota en la fonología», es decir, la persona consigue un acento más original, menos españolizado.

Aunque las ventajas son numerosas, el problema es que «los progenitores que no saben otro idioma 'juegan' con desventaja» para hacer del nuevo idioma un elemento más de la casa. Sin embargo, tienen otras opciones a las que pueden recurrir, como los «canales de televisión con programas en inglés, la guardería o incluso una niñera extranjera». Lo importante, subraya Portellano, es «no precipitarse con el aprendizaje normativo y las reglas académicas». Eso viene después.

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jueves, 16 de mayo de 2013

Inventan nuevo nombre para la lengua de Aragón

Localización del territorio de Aragón en el que se habla catalán. Wikipedia
 Teresa Cerdà, La Vanguardia

Leyendo las noticias referentes a la ley de Lenguas que aprobó el jueves el Gobierno de Aragón, y que dará al idioma que se habla en la Franja el nombre de lapao (lengua aragonesa propia del área oriental), me he dado cuenta de que a la vez que sonreía, por lo absurdo de la cuestión, sentía pena.

Soy leridana y tengo amigos de la Franja. Además, por cercanía, muchas veces me he acercado a las poblaciones del área oriental de Aragón para hacer gestiones, y nunca he tenido problemas para comunicarme, ya fuera utilizando el castellano, el catalán o, por lo visto, el lapao. Personalmente, no me importa que la lengua en la que me esté expresando se llame catalán, mallorquín, valenciano o lapao. De hecho, y siendo un poco irónica, también podríamos reivindicar una lengua diferente para Lleida, ya que el catalán que hablamos es distinto al que se habla en Girona, Tarragona o Barcelona.

Creo que con la cantidad de problemas que ya tenemos para entendernos, sólo nos falta ahora que ni tan siquiera hablemos el mismo idioma. Si no hubiera tanto paro, corrupción, etcétera, entendería que los gobernantes se dedicaran a darles nombres raros a todos los dialectos que se hablan en el país, pero no es el caso. Además, ¿se ha parado alguien a pensar en el coste que tendrá este cambio? Porque supongo que se deberán hacer notificaciones para informar a las instituciones del cambio, adecuar documentos administrativos a dicho lenguaje, y no digamos el gasto que puede tener el cambiar los carteles públicos o incluso la enseñanza del nuevo lapao.

¿No sería más lógico destinar todo el dinero que haya podido costar esta nueva ley y sus repercusiones a pagar las deudas que tiene el mismo Gobierno de Aragón?

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martes, 14 de mayo de 2013

El español nuestro: Soprano

María Luisa García Moreno (Periódico Granma, Cuba, abril del 2013)

Soprano, palabra que nombra a 'la más aguda de las voces humanas', procede de sobre, y este del latín sûper; mezzosoprano, 'voz intermedia entre la de soprano y la de contralto', de mezzo, 'medio o mitad'.


Contralto viene de alto, quizás en el sentido de que limita o no alcanza (contra) los tonos más agudos o altos; tenor, del italiano tenore, del indoeuropeo ten- ’cuerda’, de donde también proceden tendón y pretender; barítono, ‘de voz grave’, se compone del elemento compositivo griego bari-, ‘pesado’, unido a la voz también griega tonos, ‘tono, tensión’; bajo da nombre a la más grave de las voces humanas.

Es perfectamente posible reunir dos preposiciones, siempre que la construcción tenga sentido:«Andaba por entre los árboles», «Van en fila de a dos», «Se ha quedado cojo de por vida» y muchas más. Un uso propio de España y nada común entre nosotros es a por: «Vamos a por el triunfo».

Es correcto emplear indistintamente mientras o mientras que cuando expresan una acción que ocurre al mismo tiempo, por ejemplo: «Haz esta parte del trabajo, mientras (mientras que) yo me documento sobre la otra». Sin embargo, cuando el valor que se quiere expresar es adversativo, es decir, algo contrario a lo previamente expuesto, debe escribirse mientras que… y nunca mientras; por ejemplo: «Soy maestra, mientras que ella es médica». Un recurso para evitar caer en errores es sustituir mientras que… por términos adversativos similares, como sin embargo, no obstante, en cambio. …

Se define como leísmo el empleo incorrecto como complemento directo de las formas le, les, variantes del pronombre personal él. En una oración como: «A María la vieron cuando salía de la tienda», el uso del pronombre personal la es correcto, mientras que su sustitución por le, sería un ejemplo de leísmo y, por supuesto, incorrecto. Resulta muy común el error de ignorar el número del sustantivo que se sustituye por el pronombre. Así debemos decir: «Les trajeron regalos a los niños» y no le, puesto que el pronombre reproduce a niños.

Una palabra que, por lo general, se pronuncia mal es esguince, del latín exquintiāre, ‘desgarrar’. Se emplea más en su primera acepción «torcedura violenta y dolorosa de una articulación, de carácter menos grave que la luxación»; aunque también significa ‘ademán hecho con el cuerpo, hurtándolo y torciéndolo para evitar un golpe o una caída’ y ‘movimiento del rostro o del cuerpo, o gesto con que se demuestra disgusto o desdén’.

Pilotear y pilotar son variantes de un mismo término. El primero correspone a la variante cubana; el segundo a la norma hispana…¿cuál debemos preferir? Siempre la variante cubana, como ocurre también con liderear/ liderar, tutorear/ tutorar, desertificar/ desertizar… En cuanto a pilotear y pilotar significan ‘dirigir un buque, especialmente a la entrada o salida de puertos, barras, etc.’ y ‘dirigir un automóvil, globo, aeroplano…’.

Según el Diccionario provincial casi razonado de vozes (sic) y frases cubanas, de Esteban Pichardo, aterrillarse es ‘enfermarse por sufrir por mucho tiempo sin resguardo y en inacción la fuerza del sol’; según el Diccionario cubano de habla popular y vulgar, de Carlos Paz Pérez, aterrilla(d)o, -a, es, en un lenguaje muy popular, ‘sin dinero’ y también ‘sin pareja’, ‘aburrido’, ‘con exceso de trabajo’ y, por supuesto, ‘insolado’; según el Diccionario cubano de habla popular y vulgar, de José Sánchez-Boudy, la frase «estar aterrillao» significa ‘tener muchas cosas encima’.

Se parecen y confunden, pero… son dos parejas de parónimos —palabras cuyo significado es diferente y su escritura parecida:
 Trastrocar, de tras- y trocar,  «cambio», significa ‘mudar el ser o estado de algo, dándole otro diferente del que tenía’ y se conjuga como contar, con irregularidad vocálica: yo trastrueco… mientras que trastocar quiere decir ‘trastornar(se), perturbar(se)’ y se conjuga como indicar, con cambio ortográfico de c en qu.

Por su parte, infringir, del latín infringĕre, quiere decir ‘quebrantar leyes, órdenes, etc.’ y su similar infligir, del latín infligĕre, significa ‘causar daño, imponer un castigo’.

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martes, 7 de mayo de 2013

Las palabras que la crisis trajo a nuestras vidas


ESPAÑA BOLSA MADRID
@Archivo EFE/ Bernardo Rodríguez
Javier Lascurain. Agencia Efe

 ¿Cómo influye la situación que vivimos desde hace años en el modo en que hablamos? ¿Y cómo influye nuestra manera de hablar, de contar y de contarnos la crisis, en el modo en que la vivimos?
Sobre esas dos preguntas girará este año el Seminario Internacional de Lengua y Periodismo, que organizan la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) y la Fundación San Millán los días 16 y 17 de mayo.
El seminario, que será inaugurado por la princesa de Asturias y cuya lección inaugural correrá a cargo del catedrático de Metafísica y exministro de Educación Ángel Gabilondo, reunirá a lingüistas, periodistas y economistas para debatir sobre aspectos como el uso de las metáforas y los eufemismos a la hora de hablar de la crisis o la creatividad del lenguaje de la contestación.
Los problemas para explicar una realidad compleja a un público heterogéneo y el dilema entre el catastrofismo y la corrección política serán otros de los asuntos sobre los que se hablará en San Millán.
Salvador Gutiérrez, catedrático de Lingüística General de la Universidad de León y miembro de la Real Academia Española, señala que «las crisis no solo constituyen un fértil humus para la filosofía, sino también para la lengua. Surgen nuevas realidades, problemas con diferente fisonomía, circunstancias que aportan angustia, reacciones no conocidas…».
«Ante estas situaciones, el hombre, que es ante todo hablante, necesita nuevas denominaciones para nombrar y comprender mejor lo que está viviendo».
En la misma línea, el catedrático de Lingüística General de la Universidad de Valencia, Ricardo Morant, subraya que «la crisis es una buena oportunidad para demostrar que el lenguaje no es ajeno a la realidad de los que lo emplean, sino que está en constante ebullición y se adapta a las necesidades expresivas de sus hablantes».
Y pone ejemplos concretos: «La situación económica actual ha comportado la introducción de términos como precariado, minijob, austericidio o ha incrementado el uso de adjetivos como anticrisis».

Del lenguaje económico a la vida cotidiana

A menudo, los términos que ahora afloran en las conversaciones cotidianas habían estado escondidos para el gran público en el lenguaje especializado, en la economía o el derecho (dación en pago, prima de riesgo, deuda soberana, rating, recesión…).
Otros son creaciones de origen más o menos actual como mileurista o precariado. Y formados con mayor o menor fortuna, como austericidio, que se emplea para hacer referencia a la ‘muerte por austeridad’, cuando en realidad significa ‘muerte de la austeridad’.
Algunos términos han ampliado su significado original, como desahucio, que inicialmente hacía referencia solo a los casos de desalojo de un inquilino y no al de un propietario en apuros.
Otros han pasado, en ciertos contextos, a tener significados muy concretos (indignados, como nombre de un colectivo y un movimiento; marea, para referirse a cierto tipo de protesta, o acampada, que ya no remite solo a una actividad de ocio).
Y no faltan los que han viajado desde lejos para sembrar la polémica, como escrache, una palabra usual en el español de la Argentina y Uruguay y cuyo desembarco en España, de la mano de los activistas contra los desahucios, ha sido y es objeto de discusiones que van más allá de lo lingüístico.

Una lengua viva

Muchas de estas palabras pasarán, como tantas otras, y no serán sino una moda. Otras habrán llegado para quedarse, habrán ampliado sus significados o habrán recuperado los que tuvieron y se habían olvidado.
¿Preocupa eso a la Real Academia Española, la encargada de velar por la pureza del español?
En absoluto. Salvador Gutiérrez, que ocupa el sillón S de esa institución, lo tiene claro: «Todo lo contrario: es síntoma de que la lengua sigue viva, de que se renueva y se enriquece».
Ya lo decía Horacio, apunta Gutiérrez: «Renacerán muchas palabras que ya habían muerto, perecerán otras que hoy gozan de prestigio, si así lo decide el uso, del que dependen la ley, el arbitrio y la norma del habla».

Eufemismos para disimular

Las metáforas como modo de explicar mejor una realidad compleja y los eufemismos que tratan de suavizar o disimular la realidad son dos de las figuras que encuentran su máxima expresión en momentos de crisis.
Para Elena Gómez, coordinadora del VIII Seminario Internacional de Lengua y Periodismo, que organizan la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) y la Fundación San Millán, «el uso de los sustitutos eufemísticos en el terreno económico puede contribuir a que determinadas decisiones, difíciles de justificar, queden disimuladas».
«De este modo, los daños que esas decisiones pudieran causar —añade— a la imagen de sus promotores quedan también minimizados».
Gómez, profesora de Redacción Periodística de la Universidad Europea de Madrid, explica que uno de los procedimientos más utilizados es «el uso de unos términos más genéricos que otros, a los que sustituyen, pues esto contribuye a disminuir su concreción y, por tanto, su claridad».
Es el caso de reformas o ajustes en lugar de recortes; planes de saneamiento y viabilidad o redimensionamiento de la red para obviar despidos o reducción de plantilla; devaluación competitiva de los salarios por bajadas salariales; crecimiento negativo por recesión, o ticket moderador del gasto en vez de copago o repago.
Pero si hay un término que los políticos evitan cuidadosamente y para el que buscan sin descanso alternativas menos dolorosas es subida de impuestos. Recargo temporal de la solidaridad, modulación del esfuerzo fiscal, novedad tributaria y cambios en la ponderación fiscal son solo algunas de las que han podido escucharse en los últimos tiempos.

Metáforas para entender

Si los eufemismos tratan de disimular la realidad, las metáforas intentan explicarla.
Como señala Carmen Llamas, profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, «el funcionamiento de la economía y, por ello, la crisis económica, no son realidades fáciles de entender, por lo que se explican por medio de la metáfora, un procedimiento que tiene como base la analogía, esto es, la semejanza que nuestra mente percibe entre dos realidades».
«Ahora bien —aclara—, las metáforas interpretan la realidad desde una determinada perspectiva, y ahí reside su poder. Quien las emplea puede tener la intención de explicar mejor la crisis, pero también puede ofrecer intencionadamente una determinada visión».
Las metáforas sobre la crisis recurren a todo tipo de imágenes. Así, la crisis es una fuerza natural (una tormenta, un tsunami financiero…), un ser vivo (la crisis amenaza, sigue un proceso, crece…), un espacio cerrado (del que se entra y del que se espera salir), una enfermedad (que se diagnostica y para la que se aplican remedios).
O hasta un animal bravo frente al que otros nos ayudan («Alemania echa un capote a España ante la crisis de deuda»).

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lunes, 29 de abril de 2013

Destacan aporte de España a la lingüística cognitiva

EFE

Chistopher Stuart Butler, considerado una autoridad mundial en lingüística funcional, ha afirmado que España es uno de los países europeos "más productivos" en la investigación de la lingüística funcional y cognitiva.
Butler ha pronunció estas palabras tras ser investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de La Rioja (UR), en un acto al que asistió el presidente del Gobierno riojano, Pedro Sanz.

El investigador indicó "los lingüistas españoles han hecho contribuciones sobresalientes a la lingüística cognitiva" y ha agregado que el estudio del lenguaje constituye en sí mismo "una disciplina compleja, a la vez que fascinante", que cree que "no necesita de ningún tipo de justificación adicional".

Butler se ha convertido en la tercera persona reconocida con el Doctorado "Honoris Causa" de la UR, tras el escritor y premio nobel Mario Vargas Llosa en 2007, y el químico Joaquín Barluenga, en 2010.

Ha asegurado que la lingüística puede ser, en principio, de gran utilidad y ofrecer un análisis minucioso de lo que sucede en los diferentes casos de ruptura de la comunicación.

No obstante, indicó que esos estudios "requieren, incondicionalmente, un conocimiento exhaustivo de lo que acontece en aquellas situaciones en las que la comunicación transcurre sin incidencia alguna".

En su alocución, consideró que el lenguaje es "tan esencial en la vida cotidiana de las personas que la mayoría de ellas lo dan por sentado".

"Nadie duda -precisó- que la investigación sobre el corazón o el cerebro humanos es importante y que tiene repercusiones muy beneficiosas para la humanidad", pero observó que la investigación sobre el lenguaje, en cambio, no se percibe de igual forma.

Demostró cómo el estudio del lenguaje "no solo es fascinante en sí mismo, sino que, además, tiene importantes aplicaciones en la vida cotidiana".

El jefe del Ejecutivo riojano, Pedro Sanz, felicitó al profesor Butler y expresó que esta distinción académica "refrenda su liderazgo mundial" en el ámbito de la lingüística funcional o funcionalismo y que contribuye a poner en valor la vocación universalista de la UR.

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viernes, 26 de abril de 2013

Un punto más, una coma menos


Ilustración: Luis S. Parejo
elmundo.es
Un viejo chiste cubano mil veces contado decía que José Lezama Lima puntuaba sus textos en prosa como el que alimenta a las gallinas en un corral: tomaba un montón de comas con las manos, las lanzaba al aire y, allá donde cayeran en el texto, así que quedó 'Paradiso'.

La broma viene al hilo de la publicación de un número de la revista francesa 'Hiatus', dedicada en parte a la "puntuación mínima" (se puede leer en la red algún artículo en inglés incluido en el número), que es otra manera de referirse al eterno dilema que tenemos todos cuando escribimos un texto: en caso de duda, ¿poner una coma más o una coma menos? ¿Pecar por exceso o por defecto?

Cinco respuestas rápidas. Una: "Soy partidario de puntuar menos. De forma natural. Por lo tanto, si dudo, me temo que quizá acabe poniendo la coma o el punto" (Román Piña Valls; filólogo, profesor de griego, escritor, editor del sello Sloper y autor de 'Archipiélago Gulasch). Dos: "No sabría decir si es mejor pecar por exceso o por defecto, pero puedo asegurar casi seguro de no equivocarme que la tendencia general es incurrir en lo primero. En muchas ocasiones se tiende a puntuar (hablo ahora de comas) según se entona en el lenguaje oral, algo que es un error. Recuerdo una frase que me encanta de Alberto Gómez Font, antes coordinador general de la Fundéu BBVA: 'Respire pero no coma'" (Álvaro Peláez, filólogo y periodista y miembro de la Fundación del Español Urgente Fundéu BBVA). Tres: "Prefiero puntuar de más. Salvo que con la puntuación se cometa un error (por ejemplo, la coma entre sujeto y predicado)" (Mónica Liberman,
responsable de correcciones y estilo en la editorial La Esfera de los Libros del grupo Unidad Editorial).  
Cuatro: "En caso de duda, navaja de Ockham: la opción más sencilla es siempre la mejor" (Pedro Urteaga; jefe de sección de Cierre en el diario EL MUNDO). Y cinco: "Yo, al contrario de la mayoría: [soy partidario de puntuar] de más" (Víctor de la Serna, subdirector de este periódico y autor de su libro de estilo).

La coma inglesa

O sea: juicio aplazado y vamos mejor a los casos concretos. La primera enumeración de problemas frecuentes la hace Álvaro Peláez: "La coma es uno de los signos que plantean más problemas a la hora de puntuar, pues hay muchos usos y unas cuantas excepciones. Uno de los más estigmatizados puede ser la coma entre el sujeto y el predicado o entre el verbo y el objeto (hay quien la llama la coma criminal). También es muy habitual ver mal puntuadas las enumeraciones: cuando los elementos de la enumeración son largos (el ministro de Educación, Fulanito de Tal; la consejera de Cultura, Menganita Talcual; etcétera) se separan con punto y coma y no con coma. Se tiende también a colocar una coma antes de la conjunción 'y' en una enumeración simple, algo que no es correcto en español pero sí en inglés. También es muy común la pérdida por desconocimiento de la coma del vocativo, sobre todo en encabezamientos. lo adecuado es 'Hola, Luis:' y no 'Hola Luis'. Ya que saco los encabezamientos de cartas y correos, un uso curioso es la coma tras el saludo: Querido Luis, blablá... Esto se llama anglicismo ortográfico, pues viene del inglés. En español se escriben dos puntos: 'Hola, Luis:'".

Continúa Pedro Urteaga: "Resulta difícil saber si el autor de un texto quiere remarcar un inciso mediante comas o si las utiliza con excesiva profusión. Otro caso de duda se plantea en las construcciones que terminan con una salvedad u otro complemento circunstancial. Por ejemplo: 'Iré mañana al cine a ver 'Amor' [,] a no ser que tenga que recoger a mi nieto'. También resulta dudoso el caso contrario, cuando la condición se encuentra al comienzo de la frase: 'En caso de necesidad [,] prefiero ser yo el que acuda al rescate'. En las frases adversativas ('Me gusta mucho pero prefiero no comerlo') y en la construcción 'no sólo... sino también' es cada vez más habitual suprimir la coma. Y el punto y coma, ese gran desconocido, se utiliza mayoritariamente para separar los términos de una enumeración en la que se intercalan cargos u otras precisiones. Yo soy partidario de emplearlo, en lugar de la coma, en oraciones que se complementan o yuxtaponen pero carecen de nexo copulativo o adversativo: 'He prendido fuego a un billete de 10 libras; debería haberlo usado para volver a casa'. En cuanto a los dos puntos, a mí me gusta limitarlo a un uso explicativo de lo expuesto con anterioridad. 'Se ha cumplido el sueño de Borges: en cualquier lugar del mundo hay una biblioteca'".

Misterios del punto y seguido

Y una más, por favor: "Por lo que leo, la gente no sabe usar con naturalidad los dos puntos, y aún menos el punto y coma. Deduzco que no sabe porque veo que no los usa. Se limita a las comas, y claro, se equivocan en el uso de los pocos signos que usan. Hablo de los que dominan mínimamente la escritura. En los jóvenes el verdadero problema es el punto y seguido. ¡La gran conquista!", añade Román Piña Valls.

Más allá quedan las ligerezas de los chicos jóvenes, las prisas de los usuarios de las redes sociales y los entusiasmos de los amantes enfáticos: "Los puntos suspensivos son tres y solamente tres, aunque se suelan ver dos, cuatro, cinco... En español hay signos dobles (paréntesis, comillas, signos de interrogación y exclamación...). Ya que son dobles, no nos olvidemos de abrirlos y cerrarlos", recuerda Peláez. De la afición a las triples y cuádruples exclamaciones hablaremos otro día.

Última pregunta: ¿es el español un idioma de puntuación puñetera en comparación con otros? "Visto cómo puntúa la mayoría de la gente, sí. Dificilísimo", contesta Víctor de la Serna. "Es un idioma muy rico pues permite una variedad de matices que no existen en otros. La presencia de una coma puede estar llena de sentido (si el autor hila fino) al aportar precisión, intensidad, ritmo... Lo que me parece difícil es llegar a dominar el idioma hasta el extremo de utilizar con propiedad todos sus recursos", añade Urteaga. "No soy especialista en otros idiomas, pero no me aventuraría a decir que esta dificultad es propia del español ni mucho menos. Creo que cada lengua tiene sus peculiaridades en cuanto a la puntuación. El español es difícil de puntuar, pero como supongo que lo serán otros muchos. La cuestión es que hay reglas generales, pero terminas descubriendo casi más excepciones".

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miércoles, 24 de abril de 2013

José Manuel Caballero Bonald recibe el Premio Cervantes

expansion.com
La entrega del Cervantes, considerado el galardón más importante de cuantos se conceden en las letras hispanas, constituye el acto central del Día del Libro, en el que se conmemora la muerte de Cervantes y de Shakespeare. Por segundo año consecutivo, el Rey no ha podido presidir la ceremonia de entrega por motivos de salud. Han presidido el acto los Príncipes de Asturias y será don Felipe el que cerrará el acto con un discurso en el que aludirá a la intensa trayectoria literaria de Caballero Bonald, maestro en el uso del idioma.

El Rey no estará en Alcalá de Henares pero sí recibió ayer en el palacio de la Zarzuela al autor de 'Ágata, ojo de gato', después de un mes y medio sin actos oficiales, y tuvo así ocasión de felicitar al premiado y de charlar con él.

En su discurso de agradecimiento, Caballero Bonald ha hablado de la poesía de Cervantes, el aspecto menos valorado del genial escritor, y de sus vínculos con la libertad. Al autor de 'Manual de infractores', Premio Nacional de Poesía, o de 'Entreguerras', su último poemario, le atrae "mucho" la imagen "medio nebulosa" de ese Cervantes "perdedor", que durante años abandonó "la pluma y las comedias", como él decía, porque tenía "otras cosas en qué ocuparse". Y le atraen sus "viajes repentinos, las huidas, el cautiverio en Argel", su paso por la corte de Felipe II o por "la abigarrada Sevilla babilónica de finales del XVI y principios del XVII", decía a Efe Caballero Bonald, que también ha merecido premios como el Nacional de las Letras, el Andalucía de las Letras, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el Federico García Lorca y, en tres ocasiones, el de la Crítica.

El valor consolador de la poesía
Caballero Bonald ha hecho de la poesía su razón de ser y, en su discurso, también se ha referido "al valor consolador de la poesía". Ha hablado del conocimiento y la lectura como fuente de libertad, y ha recordado el franquismo como "tiempo desdichado", en el que se prohibían ciertas lecturas para evitar el conocimiento y facilitar por tanto la sumisión.

El escritor ha estado acompañado por su mujer, Pepa Ramis; por dos de sus cinco hijos y por tres nietos, "los primogénitos de los tres hijos casados". "Todos juntos hacen multitud, así que hemos considerado prudente hacer una selección", ha señalado.

Superviviente, junto con Francisco Brines, de la llamada Generación de los 50, Caballero Bonald recordará a otros miembros de ese grupo a los que "la muerte les ha impedido" ganar el Cervantes, como José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma, Claudio Rodríguez y Ángel González, el gran amigo del autor de 'La noche no tiene paredes'.

El escritor lleva 65 años dedicado a la literatura y ha publicado muchos libros en casi todos los géneros. Y hay unos cuantos que cree que "permanecerán" y que le "van a sobrevivir". Esos libros serían la novela 'Ágata, ojo de gato', y los poemarios 'Descrédito del héroe' y 'Entreguerras', un largo soliloquio que fue "una sorpresa" incluso para él mismo porque lo escribió "casi de repente, en circunstancias anómalas", señala este escritor que asegura que ya no publicará más libros. Si acaso "algún poema suelto".

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lunes, 22 de abril de 2013

El idioma español sopla sus velas

 Gabriel Bruzón (elmundonewspaper.com)

La lengua española es uno de los idiomas más ricos del planeta  por su variedad

Ya son 67 años desde que se aprobó al 23 de abril como el Día Mundial del Idioma Español, fecha que busca celebrar la importancia de nuestra lengua que hoy cuenta con más de 400 millones de hispanohablantes en el mundo.

Conocido por muchos como el lenguaje más difícil de aprender, la lengua española ha demostrado ser uno de los idiomas más ricos del planeta al aportar diariamente sinfines de palabras a su gran familia de vocablos. ¿Dime sino es cierto que cada día aprendes una palabra nueva del castellano? El hecho de vivir en una nación tan multicultural como Estados Unidos nos permite canalizar frases y vocabularios específicos de un solo país. Cuba por ejemplo, usa la palabra “tilín” para referirse a menos de un poquito: “Dame un tilín de café”. Para los mexicanos viene el vocablo “nieve” para referirse a los deliciosos “helados”. ¿Y qué de las “pupusas”? Al igual que el platillo, la palabra es endémica de los países de Centroamérica y no existe nada en el mundo hispanohablante que se parezca a ella. Finalmente, los colombianos llaman “sancocho” a una sopa espesa llena de verduras y carne. Los cubanos usan la misma palabra a la acumulación de comidas caceras que se le sirven a los cerdos. ¿Qué tal? Ejemplos como los anteriores tan sólo representan una ínfima parte del bagaje cultural que conforma al idioma español pero que representan nuestra identidad.

Pero dejando a un lado las diferencias de los vocablos, debemos tomar un momento de nuestro tiempo para perfeccionar nuestro castellano hablándolo correctamente. Como inmigrantes de la Unión Americana corremos a diario el riesgo deformar nuestro idioma incorporando palabras que no existen; y ejemplos hay muchos: “mapear” por trapear; “parquear” por estacionar; “espelear” por deletrear… Celebremos el cumpleaños de nuestra lengua hablando correctamente, es todo un reto que puedes lograr. ¡Felicidades Castellano!

CURIOSIDADES DE NUESTRA LENGUA
• Los hispanohablantes representamos sólo el 5.85% de la población mundial, precedido por el mandarín con un 14.1% y seguido por el inglés con 5.52%.

• Sobre cuántas palabras conforman nuestro idioma hay que comenzar con la referencia del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española que tan sólo contiene más de 88 mil palabras. A este número hay que añadirle los más de 70 mil vocablos que incluyen los americanismos. Claro está que ello no incluye las conjugaciones verbales.

• Aunque sus inicios pueden retornar al imperio romano cuando dominaban la antigua Hispania –parte de la península Ibérica–, el castellano surge con la mezcla, adaptación y aporte de nuevas palabras de varias culturas de la zona.

• España adoptó al 23 de abril como Día Mundial del Idioma Español en homenaje a la muerte de Miguel de Cervantes, conocido como el Padre de la Lengua Española y escritor de la obra cumbre “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”.

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viernes, 19 de abril de 2013

Los traductores online: para qué sirven y para qué no

Por Anja Reumschüssel, dpa

Berlín, 18 abr (dpa) – Tenemos por delante un texto en un idioma extranjero: bastan un par de clics en Internet para presentarnos una traducción en un castellano inteligible y lista para imprimir. Bueno sería si fuera cierto. Pero los servicios de traducción online están aún lejos de tal perfección.

En la web se puede hallar de todo, incluso en materia de idiomas. Pero no se puede confiar en todo lo que nos producen los traductores online. Porque el resultado puede ser incomprensible o, en el mejor de los casos, un divertido galimatías. Pese a ello, se puede aprovechar bien estos servicios. A condición, claro está, de observar algunas reglas.

El primero entre los servicios gratuitos de traducción automática fue Babel Fish, llamado hoy Bing Translator, y que ofrece unos 40 idiomas. También Google con su servicio Traductor está presente desde hace ya mucho tiempo en el sector y ofrece actualmente hasta 60 idiomas, incluyendo las principales lenguas europeas y asiáticas. Entre los idiomas hablados en la península ibérica el Traductor de Google, además del castellano y el portugués, incluye también el catalán, el gallego y el euskera. Junto a estos, existen también numerosos otros servicios gratuitos de traducción automática, desde Apertium hasta WorldLingo.

La Asociación alemana de Intérpretes y Traductores (BDÜ) realizó en octubre de 2012 una prueba de la calidad de las traducciones online en comparación con el Traductor de Google. El resultado: estos servicios "comprendían" en grandes líneas las recetas, los artículos periodísticos o las instrucciones de uso sometidas a traducción, pero el lector tenía que interpretar muchas cosas y algunas quedaban incluso incomprensibles. Estos servicios, según la BDÜ, tropezaban sobre todo en la comprensión de la ironía, el sarcasmo y la ambigüedad. Era evidente que las máquinas de traducción no lograban entender el contexto de una frase y elegir las palabras relacionadas con él.

Pero aunque ninguno de estos servicios entregara traducciones limpias o, al menos, comprensibles, el resultado era en todo caso utilizable. Porque el usuario debe distinguir entre una traducción de una lengua extranjera a otra que él conoce, y una traducción de un idioma conocido a otro extranjero, señala Uwe Reinke, profesor de idiomas y tecnología de traducción en la Universidad Técnica de Colonia.

"Hay que evitar en lo posible traducciones en un idioma que no se entiende", aconseja el experto. Porque, en tal caso, el usuario no está en condiciones de apreciar el resultado de la traducción. Si la traducción debe ser una comunicación a otra persona, a lo más provocará risa y, en el peor de los casos, malentendidos e incluso enfado. "En tales casos, lo mejor es enviar el texto en español para que el destinatario mismo lo traduzca a su idioma materno", recomienda Reinke.

Una traducción automática en el idioma propio sí es aconsejable. Al traducir un texto a la lengua natal o a un idioma extranjero conocido por el usuario, los errores serán evidentes, pese a que pueda haber errores de traducción al propio idioma que pasen desapercibidos. Es por ello que los expertos aconsejan aquí mucho cuidado. "Una traducción automática sólo es recomendable para personas que no conocen un idioma y que, pese a ello, quieran entender el contenido de un texto a grandes líneas", resume Norma Kessler, traductora de la asociación BDÜ.

Los traductores online pueden también servir perfectamente para uso privado o para una primera apreciación de un texto. Donde hay que poner cuidado es cuando se trata de textos oficiales o comerciales. Correspondencia traducida automáticamente puede no ser tomada seriamente. La traducción de contratos mediante una máquina tampoco es aconsejable sin mediar las correcciones de una persona que conozca el idioma, sobre todo por la comprensión del texto y sus implicaciones legales.

Cuando se use servicios de traducción automática, el texto original debe ser redactado en lo posible con vistas a la traducción, aconseja Kessler. Las máquinas de traducción ven facilitada su tarea con frases cortas, comprensibles y de estructura simple. Olvídese de las frases en modo pasivo, la ironía o los giros de doble sentido. Estas recomendaciones valen, naturalmente, sólo para traducciones desde el propio idioma a un idioma conocido por el usuario.

Pero en Internet hay también ofertas para quienes conocen ya a grandes rasgos el idioma de destino y sólo necesitan ayuda para una traducción. Linguee, por ejemplo, es un diccionario multilingüe que ofrece traducciones alternativas. Así, el usuario puede elegir la traducción que más se ajusta o recibe al menos una comprensión rudimentaria del texto, dice Gereon Frahling, fundador de la página Linguee. En todo caso, este matemático e informático señala que no cree que la máquina llegue a reemplazar algún día a la persona en materia de traducciones. A su juicio, el desarrollo de software de traducción ha llegado ya a sus límites.

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